"Nueva entrada". El botón azul señalándome que lo elija a él, y que no me vaya por las entradas viejas que tengo guardadas (que nunca terminé).
Van a ser las 4 y mis cálculos para dormir unas 7 horas contemplaban hasta las 3 y media no más, pero aquí sigo, esclava de internet y con unos dedos inquietos que sólo aceptan un paseo por mi teclado. Y es que últimamente las únicas palabras que han tipeado han sido: cuevana, cuevana, cuevana. El estar permanentemente inactiva ha causado en mi cerebro una inercia total, sólo capaz de revisar páginas y páginas en busca de películas. En el mejor de los casos reviso blogs con datos para el pelo con frizz. Esa es la lectura a la que me he acostumbrado últimamente.
Mis almuerzos tampoco sobresalen por su variedad. Las pastas reinan en mi menú, junto a los fieles huevos revueltos. Mañana tendré que prepararme algunos para el almuerzo, porque el otro día camino a mi casa desde el supermercado rompí un huevo al chocar la bolsa con una planta, así que ahí está el pobre, en primera fila esperando a ser cocinado.
Mis lentes se están transformando en mis mejores amigos, sin ellos ahora veo puras manchas. A veces me viene la duda... los tengo puestos o no? Mi sensibilidad hacia las personas que usan lentes ha aumentado drásticamente, pensar que antes jamás me interesé en eso y ahora me llama mucho la atención.
Qué lata esto que escribí. Supongo que necesitaba hacerlo para dormir tranquila. Mañana tendré que escribir tres entradas más para que esta se esconda de la página principal y no tenga que leerla cada vez que entro a mi blog.